
LA BARCA
Con el afán de amar, tu alma y la mía
se aferraron en pos de una locura,
buscar si en mi dolor y en tu amargura
quedaba una gota de ambrosía.
Estábamos los dos a la deriva
luchando por hallar entre las sombras,
la luz de un faro surcando la penumbra
para darle rumbo a nuestras vidas.
Si tras la tormenta surge el sol
como después de la noche sigue el día,
¿por qué no pensar que a nuestro amor
le esperara un puerto todavía?
Por eso, poniéndome en manos de azar
zarpé en tu barca estremecida y sola,
sin tenerle miedo a la furia de las olas
ni angustia de volver a naufragar.
Até mis manos a tus manos frías
y resueltos, con el afán de amar,
nos fuimos los dos a navegar
a la mar de tus penas y las mías.


