
Puedo acariciar tu nombre
en el tierno devaneo
de las cosas imposibles,
reescribirlo en el vaho
con los sueños abyectos
de esta locura mía.
Puedo acariciar tu nombre...
escribirlo en el aire
para que se suelte volando
como un cometa errante.
También puedo contenerlo
prisionero en mis labios
y gritarlo en mis dentros,
replicarlo en mi pecho
con las campanas
mudas del silencio.
Puedo acariciar tu nombre
-dulce y bendito amor-
¡pero no pronunciarlo!


